jueves, 6 de marzo de 2014

Cuaresma


Os deseamos un buen camino de Cuaresma con estas palabras de Marcelo Spínola
          
  ... La Cuaresma es la vigilia, la larga vigilia que sirve de preparación a la gran fiesta de la Resurrección de Jesucristo… Y ¿qué es lo que se propone, o lo que se ha propuesto la Iglesia al establecer la Cuaresma? Se propone en primer lugar, que nos despojemos de nosotros mismos, y en segundo lugar, que nos llenemos de Dios, que nos trasformemos en Cristo, lo cual no podemos conseguir sin despojarnos de nosotros mismos, porque si Cristo ha de vivir en nosotros, es necesario que desaparezca el yo.
(…) Ved aquí, pues, lo primero que hemos de hacer en la Cuaresma, estudiarnos a nosotros mismos, y ver lo que éramos ayer, y lo que somos hoy, y arrancar de nuestro corazón todo aquello que pueda dañarle.

             Los grandes de la tierra suelen celebrar su fiesta onomástica, o el día de su santo, haciendo mercedes y otorgando gracias; pues ahora bien, el Corazón de Jesús no es menos generoso que el de los potentados, y desea colmarnos de dones, pero es necesario que nosotros preparemos nuestro corazón para recibir esos dones de Cristo, y lo hemos de preparar, quitándole todo lo que le estorbe, o en otros términos, vaciándolo de nosotros mismos y llenándolo de Dios, porque no basta quitar sino es menester poner y para llenar nuestro de Dios, es necesarios que hagamos lo contrario de lo que hemos hecho, para despojarnos de nosotros mismos, es decir: que estudiemos a Dios, que estudiemos su bondad sin límites, para que nos asimilemos esa bondad de Dios; que estudiemos la magnanimidad de Dios, para que la hagamos nuestra; y claro está que si estudiamos a Dios, nos llenaremos de Dios, nos haremos santos como Dios, porque la santidad es Dios, y el que tiene a Dios, ese tiene todas las virtudes, todas las perfecciones, puesto que tiene a Dios.

             Es necesario, pues, que durante la Cuaresma nos preparemos, o preparemos nuestro corazón para recibir las mercedes de Cristo, y lo hemos de preparar como hemos visto; primero, estudiándonos a nosotros mismos para despojarnos del yo, para desterrar de nuestro corazón todo lo que le daña, dando muerte a las pasiones; y segundo, hemos de estudiar a Dios para imitarle, para llenarnos de las virtudes que aún no poseemos; de esta suerte lograremos realizar los deseos del Corazón de Jesús, los deseos de Cristo.

             Es necesario que ablandemos nuestro corazón, de manera que Cristo pueda hacer de él lo que le plazca, y claro está que si damos a Cristo una masa blanda y dispuesta, Él le dará su forma y lo llenará de su propio espíritu de tal modo que podamos decir con el Apóstol: Ya no vivo yo, sino que es Cristo el que vive en mí…”

Marcelo Spínola (Pláticas pág. 408-411)

 

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