lunes, 31 de marzo de 2014

Ejercicios Espirituales de iniciación


Teníamos pendiente compartir con todos la experiencia que un grupo de jóvenes de nuestra Familia Spínola han vivido en los ejercicios espirituales de iniciación. De la mano de David Fangundo, Sj se adentraron en el silencio para buscar al Señor. Agradecemos a estos jóvenes que han abierto su corazón para transmitir al resto su experiencia. GRACIAS.

 
Isa Castillo (Joven Spínola de Huelva)

Si echara la vista atrás, nadie se creería que escribo estas palabras con un sonrisa en mi rostro, con una tranquilidad asombrosa y con la sensación de sentirme abrazada.
 
Llegué supongo que como muchos con el miedo dominando el 90%de mi cuerpo ¿Podré con el silencio? Y tras la cena llegaba de la mano de David la respuesta mi pregunta, "Intentarlo es conseguirlo" y una vez que esas palabras me tranquilizaron llegaron hasta mi las primeras palabras que llenarían de sentido estos días, que el señor nos ama tal y como somos, con nuestros defectos y virtudes, con nuestros miedos y deseos pero lo hace de forma incondicional.
 
A la mañana siguiente se nos proponía un tiempo para ordenar, una apuesta por un silencio más allá del simple hecho de estar callados, un silencio que no prohibía sino que invitaba a escuchar, a sentir y a responder... ¿Quieres curarte? Como un Padre, que con amor te crea, te pone un nombre o que ante una caída acude, el señor nos preguntaba por nuestras heridas y si queríamos ser curados, dejando en el nuestras preocupaciones.
 
Tocaba dar un paso más y para dejarnos curar necesitábamos sentir que a pesar de nuestros errores éramos perdonados con cariño y ternura y abrazados, con fuerza como solo alguien que te quiere puede hacerlo.
 
Y tras ese abrazo solo quedaba tener presente que quién te cree te crea, y quién te bendice te afirma como persona. Y cuando te sientes querido y cuidado y la felicidad te llena ms que algunas palabras vacías, solo queda lanzarte al mundo e intentar dar a conocer que existe un amor que te hace crecer como persona, que te reafirma y que te mueve a poner de ti esa pequeña semilla en todo aquel que se encuentre en tu camino.

M. S.  (Joven Spínola)

¿Cómo han sido para mí estos Ejercicios? Para empezar, me brotan unas pocas palabras: asombro, sorpresa, fuerza, recuerdos, agradecimiento… Considero que hemos sido tremendamente afortunados y privilegiados por este fin de semana tan breve pero tan intenso. Creo sólo bastaba ver la primavera manifestándose en todo su esplendor por los rincones del ‘cole’ de Pedregalejo para saber que Él se nos estaba regalando.

Este año mis Ejercicios han estado revestidos de sencillez. Las preguntas que David Fagundo nos iba proponiendo en cada momento de oración, con su correspondiente ‘hojita’, me resultaban tremendamente sugerentes: “¿Quieres ponerte sano?” (Jn 5, 1-9); “Se estremecen mis entrañas…” (Is 49, 1); “El Hijo Pródigo” (Lc 15, 11-32)… Sin embargo, yo me quedé en dos puntos muchos más elementales: a dónde he venido y a qué, y cómo Él me mira. La facilidad para responder a estas preguntas es sólo aparente (o, al menos, en mi caso), y dieron lugar a una oración de volver un poco al origen, de reconciliar y, por último, de agradecer. Que, al final, resultó en un camino personal que enlazaba con las sugerencias iniciales: curarnos, volver a Él y sabernos amados, llamados y enviados.
Así pues, la sensación que se me queda es de un agradecimiento profundo, de esperanza, de alegría por lo vivido y también por haberlo podido compartir con personas a las que aprecio y en un lugar al que le tengo mucho cariño. Y una frase (que muchos seguro conocen): Adora y confía.

Andreita (Joven Spínola de Sevilla)

Este fin de semana, el Señor nos ha permitido disfrutar de los Ejercicios Espirituales de Iniciación en el colegio de Pedregalejo en Málaga. El silencio, la oración, y un grupo pequeño pero muy familiar, nos ha ayudado a comenzar esta experiencia, que, para la mayoría, empezó el viernes con un difícil silencio, pero terminó el domingo, renovados totalmente y comprendiendo la necesidad de un fin de semana así más a menudo.

El viernes, tras breves presentaciones y contentos de ver caras amigas, y también nuevas, el Padre David, Jesuíta canario, nos enseñaba unas pautas a seguir para entrar en la oración. Una reunión corta, acompañada del cansancio del viaje, de la incertidumbre, pero de ganas y de una voz amable por parte de David, que nos invitaba a este encuentro individual con el Señor.

El sábado, comenzamos la mañana poniendo las manos del señor en nuestro nombre, en la llamada de Dios, en esa aventura cristiana que Dios nos llama a realizar, y en el encuentro con él. Jesús te mira a los ojos fijamente, y dice a cada uno de nosotros: “CONFÍA”. Por la tarde hicimos un hueco al perdón, el perdón con amor, el único que puede existir, junto con la parábola del hijo pródigo. Una gran tarde, que junto con el atardecer de Málaga, pudimos ver de veras, la enorme acogida del Señor, la alegría de ser hijos de Dios.

El domingo, ya de vuelta, disfrutamos de los dos últimos momentos de oración, dedicados a la llamada del señor, a revivir la propia vocación. Ultimas oraciones de esos ejercicios espirituales, porque gracias a unas pautas muy “apetitosas”, nos ayuda, por medio de un aperitivo, primer plato, segundo plato y postre, a hallar a Dios en la vida cotidiana. No hay excusas para no guardar un espacio, para tomar aire, las riendas de nuestro día a día, de nuestro estrés y llevar todo eso para delante de la mano del Señor.
El silencio ha sido de gran ayuda, aunque nos ha costado a muchos, y quizás en algún momento se ha roto, pero, si a veces nos era difícil mantener concentración, los demás ayudaban con el silencio. Hemos contado con la ayuda de Irene, Yolanda, Rocío Pineda y Mariví, además de David, siempre ahí para ayudarnos en la oración, a encontrarnos con Dios.

Una experiencia inolvidable, sin duda, que esperamos repetir pronto, y hasta entonces, a seguir día a día, intentando ese ratito de oración, y recordando que Dios no entiende de vacaciones ni rutina. Está aquí, tan solo tenemos que escucharlo, dejarnos escuchar su llamada.


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