lunes, 18 de noviembre de 2013

Experiencia personal de los Ejercicios Espirituales

Siempre nos ayuda y es precioso que otros compartan con nosotros su fe, como la viven, qué les ayuda... Le agradecemos a Ana Oliver, Laica Spínola de Madrid, que comparta con nosotros lo vivido en los ejercicios espirituales de este año:

Empezaba mis Ejercicios, con 9 horas de camino. Al principio, se me antojaban cansadas y “perdidas” pero creo que el Señor, que sabe lo que hace, me dejó entrever, que no podía presentarme ante El con tanto mundo revuelto en mi interior y, que haciéndose el encontradizo, si yo me hacía la huidiza, se lo iba a poner muy difícil. 
Y así fue, se lo puse muy difícil. Mi vida, mi día a día, mis
preocupaciones... invadían todo mi mundo interior, dejando poco espacio a Quien debería ser, siempre y en todo momento, mi Centro y mi Motor.

Pero el Señor, fue colándose en mis ¿oraciones?. Acabaron siendo un bonito diálogo entre un Padre y su hija amada, pero comenzaron siendo ratos de caóticos, casi monólogos.

 
Los Ejercicios, Pedregalejo con esas vistas y tranquilidad, el silencio, el ver a otras personas en oración, la gente que nos acompañaba en todo momento y se preocupaba porque todo estuviese lo mejor posible... ayudan a entrar en sintonía con El. Creo fundamental cuidar de momentos como éste, en el que nuestro trepidante mundo se detenga (y, aunque a veces nos creamos imprescindibles, “desaparecer” unos días, nos hace volver a nuestras vidas con fuerza renovada en el Señor). Creo que es un lujo haber sido educada, en que mi relación con el Señor, puede ser de Corazón a corazón y que, además, El desea que así sea.

Es una suerte, dejarse romper por Aquel que te ama, tanto que no cabe en nuestra cabeza; para, después, dejarse moldear como El quiera. Y sí, no es fácil reconocer la tendencia que tenemos (o que tengo), una y otra vez, de quitarle del centro de mi vida. Por ello, es fundamental pararse, para resituarnos cariñosamente y bajo la mirada de Aquel que me tiene tatuada en la palma de su mano, y volver a centrar mi vida en El.


Ana Oliver, Laica Spínola

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