domingo, 18 de agosto de 2013

Misión Rural en Benarrabá (Málaga)

“Llamados a ser profetas”
 
Bajo este lema, del 17 al 29 de julio, 37 jóvenes éramos enviados a una nueva aventura. Nos lanzábamos a la Misión Rural en Benarrabá, un pueblecito cerca de Ronda donde como cada año se esperaba con gran ilusión a las “monjitas”. Un pueblo de Dios, donde cada gesto, cada mirada, cada persona, te recuerda que Él es quien nos envía, quien nos hace confiar, el motor, el centro y quien nos mueve.

¿Profetas? A eso estamos llamados. Un gran reto, grandes dudas y grandes locuras. Una misión preciosa a la que gracias a los anuncios y denuncias de muchos profetas que descubrimos en estos días, abrimos los ojos a los profetas de hoy. Una tarea a la que también nosotros estamos llamados, siendo vasijas de barro, con nuestras debilidades y con nuestras fortalezas, siempre con una sola certeza: Es el Señor el que me alienta, el que me llama, el que me ama, el que hace roca mi debilidad.

Y así, con confianza, ilusionados y expectantes, nos lanzábamos a una gran misión. Mucho
tiempo esperando, imaginando, soñando, hasta que llegó el momento y comenzamos a crear, a vivir, a formar comunidad, una comunidad Spínola que se acercaba al pueblo en cada Celebración de la Palabra, cada Eucaristía, conversaciones, gestos… viviendo cada segundo en oración, como regalo, agradecimiento y celebración.

Con los más pequeños disfrutábamos en las clases, catequesis y talleres y con los mayores nos hacíamos presentes especialmente en las visitas, donde en la enfermedad, el sufrimiento y la dependencia, Dios da fuerza, nos envía, nos descoloca y nos coloca apretando la mano de aquel que más lo necesita, hablándonos a través de esas miradas emocionadas.
Todos nos uníamos al final del día en cada velada, donde pequeños, jóvenes y mayores nos entregábamos al máximo en la diversión, pinturas, disfraces, juegos, donde el cansancio no tenía lugar y terminando mirando ese cielo estrellado dando gracias al Señor todo lo vivido en el día.

Aquellos días acababan, llegaban las despedidas con lágrimas en los ojos, lágrimas de agradecimiento a un pueblo que un año más se abre sin condiciones, que nos da lo mejor que tiene, lágrimas que nos dicen hasta pronto, pero sobre todo lágrimas de felicidad por tanto vivido en estos días.

Ahora…llamados a ser profetas en nuestra tierra, en nuestra realidad, cada uno en su rutina, pero siempre con el mismo motor que en esta misión, siempre confiando en el Señor.
 
Sólo podemos terminar esta gran experiencia dando gracias, un GRACIAS enorme por tanto recibido, porque siendo enviados, siempre recibimos. Ilusión, calor, cariño, sonrisas, apertura y un sinfín de maravillas que el Señor una vez más nos ha regalado.

Claudia Porcel Martín
 
 
 
 

 

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