lunes, 7 de enero de 2013

I Jornadas Carismáticas

Madrid. Iglesia del colegio de Chamartín. 4 de enero de 2012. Alrededor de la una del mediodía. Más de cien Esclavas reunidas en la celebración de la Eucaristía. Llega el momento del ofertorio. Ya se ha dicho casi todo: que hablen, ahora, los símbolos y los gestos. Y ¡vaya si hablan! Las diferentes generaciones van presentando ante el altar objetos sencillos que condensan toda una experiencia de fidelidad a una vocación: la luz de una vela, las raíces de una planta, el aroma de la sencillez de las violetas…, manos y pies (guantes y zapatos) entregados como instrumento del Señor. Cruz de últimos votos en consonancia con el carné de identidad. Brazos unidos en torno a la mesa, baile acompasado, canto en camino. Deseo de ofrecer al Señor aquello que sentimos y pensamos, y también las propias preguntas. Bonita forma de “devolver” algo de tanto bien recibido en esta Primera Jornada Carismática de España Norte y Sur.

             El Encuentro tuvo lugar, como hemos dicho, en nuestro colegio de Chamartín los días 3 y 4 de enero. Muchas religiosas llegaron la tarde anterior, pudiendo disfrutar de la “Ruta turística Spínola” que se había preparado por Loreto y la Residencia pensando en aquellas hermanas que hacía tiempo que no visitaban las casas de Madrid. Fue un primer momento de reencuentros que puso inicio al clima de familia que caracterizó estos días, en los que se respiraba el cariño y la confianza entre todas. También dejó ver con qué cuidado y atención se había pensado cada detalle de la Jornada. 

            La noche del día 2 se fue completando la llegada de las religiosas, sobre todo las del Sur. Chamartín estaba “de gala”: el Equipo Carismático había preparado una ambientación muy cuidada, encontrándonos paneles, carteles, vídeos… toda clase de soportes en los que ya se anunciaba lo que iba a ser tónica del Encuentro: presencia de los Fundadores, tradición y actualidad, Carisma vivo.

            Y dio comienzo la Jornada tras la oración de Laudes el jueves 3. Rosario Fernández, Superiora General, situó estos días como respuesta a la demanda de actualización del carisma recibida del último Capítulo General. Tras esta apertura,  María Isabel Macarro nos introdujo en la dinámica de la Jornada contándonos algo del proceso de “gestación” desde el verano. Entonces, las integrantes del Equipo coordinadas por Catalina Medina (Concha Gómez, Beatriz Martín Gámez, Yolanda Rosendo y la propia María Isabel) comenzaron la reflexión buscando las palabras clave de nuestro carisma. Cuando parecían haber alcanzado un consenso, confrontaron esas palabras con las que aparecían en el Libro del Espíritu, en concreto en el primer capítulo. Y encontraron que no había coincidencia exacta, apareciendo palabras menos empleadas en la actualidad, con un punto de “incomodidad” algunas, pero todas vías indiscutibles de acceso a ese Carisma actualizado, vivo y evolucionado. De modo que nos propusieron (más bien ejercieron de intermediarias entre los Fundadores y nosotras) estas  grandes palabras: HUMILDAD – SUMISIÓN – DESPRENDIMIENTO – LABORIOSIDAD – SANTIDAD.
     
Acotado ya el objeto de nuestras reflexiones, un primer momento para los ecos dejó muy claro que este enfoque había convencido a todas y que desde las diferentes sensibilidades y formas de pensar coincidíamos  en agradecer esta propuesta como un camino valiosísimo para ser fieles a la tradición VIVA que nos recuerda lo que cada una de nosotras queremos ser. Seguidamente, nos dividimos en grupos de edades mezcladas para realizar una tertulia dialógica partiendo del texto del primer capítulo del Libro del Espíritu, iluminado por otros escritos de los Fundadores. Fuimos leyendo y compartiendo con sencillez y sinceridad los subrayados que hacíamos a lo leído, respondiendo a las preguntas que nos surgían… y también encontrándonos en una misma búsqueda personas de diferente edad, situación personal, mentalidad. Finalmente, cada religiosa escribió en post-it su eco personal, conclusión, pregunta. Y tras haber compartido tanto, llegó el momento para la oración al final de la mañana y dejar que el Señor completase aquellas palabras que se nos hubieran quedado a medio decir por dentro.


Mediodía. Tiempo para la comida y ocasión para nuevos encuentros, conversaciones, paseos, cafés… Tras este descanso, regreso a la Sala de Conferencias. La proyección de un vídeo nos permitió contemplar cómo hermanas nuestras de otros continentes viven y entienden el Carisma. Se nos regaló echar un vistazo a esa “nube de testigos” más allá del Madrid que nos acogía: Esclavas en Angola, Argentina, Brasil, Ecuador, Filipinas, Japón, Paraguay y Venezuela. Visto el montaje, apreciamos en las paredes y ventanas de la Sala grandes carteles donde aparecían escritas cada una de las cinco palabras de la mañana, carteles a su vez rellenos de los post-it que trataban sobre cada tema más específicamente. Se nos invitó a resaltar o responder los mensajes que nos sugirieran algo, y más de cien mujeres, de nuevo, con la mirada atenta y rotulador en mano, por encima de las dificultades de visión, pulso o incluso idioma, continuamos el diálogo desde otras claves. En la puesta en común se invitó a que las religiosas de edades comprendidas entre las décadas de los veinte y los treinta años plantearan un par de preguntas a las de sesenta, y a las de sesenta a dar un consejo a las de veinte y treinta. Fue un momento bonito: las jóvenes les pedimos a las veteranas que nos indicaran los puntos débiles y los puntos fuertes que teníamos a la hora de vivir el carisma, y nuestras hermanas con más experiencia nos recordaron, de nuevo, el secreto de la fidelidad creativa: apoyarse en el Señor.

 
            La tarde concluyó con la oración en la iglesia en torno a esas cinco palabras que nos habían acompañado todo el día. Momento sereno para encontrarnos con un Jesús maestro en humildad, sumiso a la voluntad del Padre, desprendido al tomar, partir y entregar el pan, siempre activo en favor del Reino e iniciador del camino de santidad que inspiró a los Fundadores. Todo ello lo celebramos al concluir la tarde en la Eucaristía.

            Llegó el momento de cenar, y en la noche una velada nos brindó la oportunidad de compartir las canciones de diversas generaciones en torno a la Navidad, disfrutando de muchos de los talentos musicales, de diversos géneros y estilos, que teníamos la suerte de tener entre nosotras.

            Tras un día tan intenso, la mañana del viernes 4 comenzó con Laudes y oración personal. Después de desayunar, momento para que cada una concretase lo vivido, pensado y preguntado de todo lo experimentado. La puesta en común fue por grupos de edades, y el diálogo por generaciones fue también muy fecundo. Por generaciones también tuvimos que buscar un símbolo que ofrecer en la Eucaristía final. Y en ese momento, como ya dijimos al inicio de la crónica, de la abundancia del corazón no hablaron solo nuestros labios, sino que los símbolos intentaron ser un humilde reflejo de lo que se había puesto de manifiesto a lo largo de todo el encuentro.


            El almuerzo puso fin a esta Primera Jornada Carismática. Imposible resumir todos los ecos que se suscitaron. Unánime el agradecimiento: al Equipo Carismático por su excelente trabajo, a la casa que nos acogió, a la implicación de todas a la hora de poner en práctica esa invitación a “preguntar y escuchar”. Unánime el deseo de que las jornadas tengan continuación y la sensación de que la vuelta al Carisma resulta brújula indispensable para estos tiempos de reestructuración. Unánime también el sentimiento de Congregación y la constatación de la fuerza de la Vida que encierra nuestro Carisma. Reflexionar sobre “el Espíritu de un Libro” nos regaló la posibilidad de experimentar la pertenencia a una Congregación con Espíritu. Agradecimiento y responsabilidad fueron las claves de lectura de este auténtico kairós navideño, nos queda alentar y cuidar esa Vida que el Espíritu nos ha regalado. Teniendo siempre presente la exhortación de nuestro Fundador: “Procurad ser fieles…”

Carmen Serrano Vega, adc

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