jueves, 29 de marzo de 2012

XXV Aniversario de la Beatificación de Marcelo Spínola

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Hace 25 años la Iglesia reconoció
la santidad de Marcelo Spínola
      La Santidad fue siempre el proyecto de vida de Marcelo Spínola. El deseo de recorrer el camino de la santidad, de aspirar a ella es una constante que se repite sin cesar en su correspondencia y en sus escritos: “Si me preguntan qué es lo que más anhelo en este mundo, sin vacilar responderé: santificarme” (F. 66). 
     Su vida es para nosotros un estímulo y un impulso para que aspiremos a la santidad. Este día nos recuerda que tener en el horizonte la santidad y aspirar a ella cuestiona la propia vida y nos sitúa ante la necesidad de elegir aquello que nos acerca más a Jesucristo, al Evangelio y nos ayuda en  nuestra fidelidad vocacional. 
Así habló Marcelo Spínola de la santidad:
         “Sino he de ser Santo ¿para qué quiero la vida?
“La Santidad es la fuerza;
nadie más fuerte que los santos, los cuales todo,
con la fe y la caridad, lo vencieron”

“Un Santo es un hombre que no se pertenece a sí mismo,
sino que pertenece a Dios; sus pensamientos son de Dios;
sus movimientos son de Dios; sus afectos son de Dios;
sus afectos son de Dios; sus palabras son de Dios;
su corazón es de Dios”.

“El Santo es como un libro gigantesco abierto ante nosotros.
En él se lee: Dios existe; Dios es misericordia infinita;
Dios es fuente de luz; Dios es manantial de justicia; Dios es amor”.

“Estudiemos un Santo. Es ante todo un monumento de la divina bondad.
¿Es que todo lo sabe y sabe bien? No. Pero para el Santo todo es día claro, porque tiene profundo conocimiento de los problemas esenciales de la vida”.

De él se decía:
-         Físicamente era pequeño, delgado, pálido y con una expresión de bondad y afabilidad que atraía. No era taciturno, sino alegre. (M.B. consejo)

-         Don Marcelo era modelo en todas las virtudes. Siempre estaba sereno, característica suya; delicadísimo en su trato, cuidando de no molestar nunca al prójimo y lleno de prudencia. La fama dice que era un verdadero santo. Esta fama era debida a su modo de vivir. (L. Eijo y Garay, Obispo de Madrid-Alcalá)

-         Todos los días socorría a los pobres, siempre silenciosamente, sin hacerse notar y sin ostentación. Llevaba una vida de extrema austeridad. (D. L. Ballesteros, sacerdote)

-         En su predicación se palpaba su fe, que resplandecía en esto como en todo. Como sacerdote, así de párroco, como de obispo, fue de un celo apostólico extraordinario. El pueblo lo escuchaba con devoción porque su nombre y su santidad se imponían. Se notaba su fe y amor de Dios, que brillaban en su manera de ser y de predicar. (M. Blanco, sacerdote)

-         Era un hombre de gran fe. Tenía una devoción especial a la Eucaristía y visitaba diariamente el jubileo de las “Cuarenta horas”, permaneciendo de rodillas en recogida oración. ( J. Bazán, sacerdote)

-         En los ministerios sagrados se le notaba un recogimiento y devoción edificantes. Predicaba con gran unción y se advertía cómo su fe era grande. (Anónimo)

-         Ante su cadáver desfiló muchísima gente, de modo espontáneo. Sevilla no necesitaba que nadie la empujara para venerar a don Marcelo. (M. Blanco, sacerdote)



2 comentarios:

  1. Esta ha sido la entrada más visitada en un sólo día, más de 200 visitas. Ojalá la vida de Marcelo Spínola nos siga estimulando en la fidelidad a nuestra vocación cristiana, religiosa, laical,... Vivamos arraigados y edificados en Cristo.

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  2. Me alegra mucho que tantos nos interesemos y nos ayude el testimonio de vida de Marcelo Spínola, pero tb me alegra escuchar que ha tenido más de 200 viitas, pues me habla de un blog vivo, una Familia deseosa de compartir, de tener noticias unos de otros.

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